La Invasión de los Hoyos, homenaje a la epopeya mambisa

Los santiagueros la esperan como preámbulo del carnaval.

Santiago de Cuba, 11 jul.— No importa la edad para hablar y esperar a la Invasión. Es una cita santiaguera. Ella cierra el ciclo que se inicia el 24 de junio con las visitas que se hacen las congas antes de la fiesta mayor; gala y cortesía: ahí se miden los buenos tocadores tanto de percusión como la corneta china: una estirpe que bien rememora el cabildo el Cocoyé y los hombres que nacieron o se criaron en los Hoyos y se fueron a la manigua, dígase Quintín Bandera, Guillermón Moncada y Antonio y José Maceo.

Para recordar la acción trascendente del Ejército Mambí, la agrupación artística, cada año transita la ciudad por los 4 puntos cardinales donde se encuentran las sedes de las otras congas. Hablamos de la Invasión, rememorando un hito de la historia. Me remito al comentario escrito sobre la epopeya por el desaparecido periodista Armando Fernández Martí:

La invasión de Oriente a Occidente se ha considerado el hecho militar más relevante de Cuba durante el siglo XIX, protagonizada por el Lugarteniente del Ejército Libertador Antonio Maceo y su tropa; se inició en Mangos de Baraguá el 22 de octubre de 1895 y concluyó 92 días después, tras recorrer un trayecto a caballo y a pie de más de mil 700 kilómetros hasta la localidad de Mantua, Pinar del Río.

Durante esa etapa, las huestes orientales tuvieron que librar unos 27 combates relevantes y el día que concluyó, el Ejército Libertador fue recibido con júbilo por los pobladores del lugar, que declararon la fecha como festiva y compartieron con los invasores la hazaña. El 23 de enero, en el ayuntamiento del lugar se levantó un acta-testimonio, la cual fue firmada por el Titán de Bronce y otros miembros de su Estado Mayor, así como el alcalde, el cura párroco y diferentes personalidades de Mantua.

Arsenio Martínez Campos, presentó su renuncia incapaz de poder controlar los embates de los mambises que combatían ya en todo el territorio nacional por la independencia.
La Invasión marca la historia cubana.

Los Hoyos se preparan cada año para un recorrido largo, desde su sede, luego de rendirles homenaje a los mayores desaparecidos, miembros de la conga, Pililí, Mafifa, Neno, Chachiro, Guagüí y Sebastián Herrera (Chan). Respeto para quienes un día enseñaron lo que hoy mantienen las nuevas generaciones.

Lógico que sea esta célebre conga, que reedite cada vez, la Invasión, uno de los barrios más populares y antiguos de la ciudad así como de fuertes raíces revolucionarias, africanas y franco-haitianas.

En esta ocasión se conmemoran 35 años de la desaparición física de la campanera mayor, Gladys Linares o Mafifa, el 12 de julio. Razones suficientes para que suene con más firmeza en honor a la mujer que un día ganó el título de “la dama de la calle”.

La conga simboliza una manifestación artística masiva, un hecho social del Oriente cubano, desde sus orígenes que se remontan a la fiesta del Santo Patrón de la Ciudad, Santiago Apóstol. En su honor, durante la época colonial, cada 25 de julio, sucedían ceremonias religiosas con una misa en la Catedral y luego las procesiones por el centro citadino; con el tiempo estas festividades se convirtieron en paganas al incluirse los esclavos con sus enseres musicales para finales del XVII; se registra que en 1836, las mulatas María de la O y María de la Luz González sacaron la comparsa “El Cucuyé”.

Actualmente sus instrumentos típicos consisten en 3 congas, compuestas por el pilón y 2 galletas; el requinto y detrás, como complementos, hasta 10 tambores. El quinto decide en la sonoridad al darle la entrada al toque contagioso, que es muy particular en “Los Hoyos”. Acompañan 3 campanas metálicas y la corneta china, anunciadora de este jolgorio, introducida en el carnaval santiaguero para 1916.

Desde la centuria del XX, las visitas de las congas se convirtieron en tradición, sobre todo a partir del 24 de junio hasta unos días antes del carnaval que se efectúa la popular invasión, recorrido a Alto Pino, El Guayabito, San Agustín y Paso Franco; hace unos años no hace “su pare” con San Pedrito como antaño. Otro dato significativo es que existen 2 congas más :Los Muñequitos y Veguita de Galo, no obstante la invasión tiene su ruta invariable; desde la famosa Julián del Casal, Callejuela, sigue a Moncada sube Paseo Martí hasta la Avenida Independencia y prolongación de Martí, aledaño a la Ciudad Escolar 26 de julio, cruza Victoriano Garzón para los encuentros con sus homólogas en las sedes respectivas, que la esperan; al final baja Trocha y la Alameda a todo lo largo, hasta volver al barrio y guardar en su foco cultural, bien entrada la noche. Un mar de pueblo la acompaña siempre con sus estribillos candentes y pegajosos. Ya divulgada está por Santiago Cultural, para el 13 de julio bajo el titular “Abre que viene el Cocoyé”.
En los topes compiten con mejor toque; la maestría se desborda cada año, destacándose los jóvenes intérpretes cada vez.

La protagonista de la Invasión, tiene sus antecedentes en el siglo XIX aunque su fecha de fundación fue fijada el 25 de julio de 1902; hay que decir que lleva el sello del cocoyé, cabildo franco-haitiano existente en la barriada y en la primera mitad del siglo XX se reconocía así, fecha que remite la arrancada de sus visitas y centuria iniclal de la Invasión.

La primera parranda se conoció con el nombre de “Los brujos del limón”, mezcla tahonera en la cual, según algunos especialistas, participó el general Guillermón Moncada, como seguidor de la misma; además cuando se habla de los Hoyos, se indica que el barrio y su conga fueron entes activos en las guerras de Independencia y en la última etapa de liberación con el movimiento 26 de julio. Sin mencionar que cuando de hecho cultural se trata, hay que ir hasta su seno porque tiene una fuerte raíz de nuestra cubanía.

De hecho, los Hoyos y la Invasión muestran el ritmo fuerte santiaguero. Definen páginas memorables en nuestro acontecer artístico, entre tantas, “Remembranza por la conga”, “Hasta Santiago a pie”, “Abre que viene el Cocoyé”, “Cuidao que te arrollo” y “Señor sereno, ¿por qué me manda a dormir?”; ellas hablan de sellos distintivos en nuestra cubana.

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