Marcos Maceo: soldado al servicio de la revolución

El 14 de mayo de 1869 fuerzas del Ejército Libertador encabezadas por el entonces teniente coronel Antonio Maceo Grajales atacaban el fuerte español de San Agustín de Aguarás, ubicado en el poblado de igual nombre, a 34 kilómetros al este de Las Tunas, en el Oriente del país.

En la acción cayó el sargento Marcos Maceo. La coincidencia de apellidos no era casual, se trataba del padre de Antonio, quien combatía bajo las órdenes de su hijo, siempre disciplinado y obediente, sin importar el parentesco y mucho menos el doblarle casi la edad: era un soldado más al servicio de la revolución y la independencia.

Durante mucho tiempo se tuvo la certeza de que Marcos Maceo, había nacido en Venezuela y allí, en la zona de Velas de Coro, combatió con el batallón de Leales Corianos contra el ejército bolivariano.

Sin embargo, hace apenas unos años, historiadores santiagueros descubrieron en los archivos parroquiales de esa provincia una partida de bautismo que prueba el origen cubano de Marcos.

Según este documento, el primero de mayo de 1808 había concurrido ante el Licenciado D. Mani Vidal, cura de Santiago de Cuba, Clara María Maceo a fin de inscribir en el libro de esa parroquia a su hijo natural Marcos Evangelista Maceo, nacido el 21 de abril de dicho año.

Pero independientemente de uno u otro origen, para los cubanos lo más importante es el significativo protagonismo desempeñado por este hombre en Cuba y el destacado papel que tuvo en la preparación de los hijos varones que se incorporaron al proceso emancipador contra España, así como la formación de ideales y principios en toda la familia.

Unido a Mariana en matrimonio, formó un hogar en el cual la oposición a la esclavitud y la defensa del derecho de todo hombre a su más absoluta libertad eran principios primordiales y prioritarios.

Marcos fue responsable de desarrollar en sus hijos importantes habilidades que, posteriormente, les serían de gran utilidad en la guerra: la destreza con el machete, el manejo de las armas de fuego y el arte de conocer el monte y los secretos que este escondía.

Al producirse el estallido insurreccional del 10 de octubre de 1868 varios de los hijos varones se incorporaron de manera inmediata a la lucha, mientras el resto de la familia, ante la posible represalia colonialista, se refugió en Piloto, sitio cercano a donde estaba ubicada la finca de Majaguabo, perteneciente a Santiago de Cuba, y que era propiedad familiar, no muy alejada de sus tierras.

La decisión de incorporarse toda la familia a la lucha fue irrevocable. Marcos, al igual que sus hijos, desandaría los campos cubanos entre el chocar de machetes y el silbido de las balas.

Las últimas palabras dichas por él poco antes de morir, según testigos presenciales, llevaban implícito su amor por la esposa y la independencia de Cuba: “He cumplido con Mariana”. (Yolanda Díaz Martínez/Investigadora en Ciencias Históricas)

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