La casa de las religiones, proyecto de nuestra cultura popular

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Santiago de Cuba, 30 nov.— Momentos de magia y misterios se conocen en la casa de las religiones populares en Santiago de Cuba. De hecho, los temas esotéricos despiertan en el individuo la curiosidad y surgen muchas interrogantes que rodean a los seres humanos ante problemáticas no muy bien conocidas.

La morada especial reseña cultos populares como el espiritismo, espiritismo cruzado, santería o regla de ocha, palo mayombe o regla conga, y el vodú. Y por supuesto se da a conocer la muertería y el espiritismo de cordón, la primera manifestación religiosa cubana que surgió en el proceso de nuestra nacionalidad durante el siglo XIX, según afirmó el investigador ya desaparecido Joel James Figarola.

Referencias necesarias de practicantes destacados en estos credos como Pura Pérez, Reynerio Pérez, Vicente Portuondo, Pablo Milanés y Anita Duverger, santiagueros que hoy se recuerdan por su protagonismo en estos cultos.

Proyecto auspiciado por la Casa del Caribe, centro defensor de todas las manifestaciones de la cultura popular. En 1994 la idea tomó cuerpo nacida en el taller de las religiones que desde 1982 se realiza año tras año en la Fiesta del Fuego. Primero se efectuaban las ceremonias en el Cabildo Teatral Santiago y luego se trasladó al patio de la institución madre.

Hoy ya no es un tabú ni un mito: se investiga y se estudian estos temas como parte de nuestro entorno antillano. Aún en los archivos se conserva un documento crónica en el que se afirma para la historia que “en el patio de la Ceiba alta las noches caribeñas parecen más maravillosas que reales, como un sueño que no tiene un punto límite entre los mágico y lo verdadero”.

El espacio recrea atributos de cada credo; todos, de una manera u otra están ligados a la naturaleza, pero el palo mayombe, el espiritismo cruzado y el vodú son los que esencialmente utilizan como ente de fuerza la Madre Tierra y sus particularidades, entre ellas, el humano con su alma y pensamientos.

La sede está ubicada en Vista Alegre, cerca de la Casa del Caribe y la nombran casa número DOS, donde se realizan peñas artísticas que giran alrededor de los cultos. Templo de memoria, con sus toques, vestuarios, cantos en yoruba, congo o creole, llevan al visitante hasta los ancestros africanos con siglos de secretos y rigores de doctrinas que un día llegaron al Caribe en medio de la violencia que la esclavitud traía consigo.

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