Felix B. Caignet, autor que llegó a todas las multitudes

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Santiago de Cuba, 20 nov.— Si de la radio cubana se trata, el nombre del santiaguero Félix Benjamín Caignet es de obligada referencia. Se considera uno de sus cinco pilares, de donde surgieron generaciones de directores, guionistas, actores y musicalizadores de este medio de difusión masiva.

Cuando se inició la radio, el 22 de agosto de 1922, este creador tenía 30 años de edad y ya había viajado a la capital del país con una labor notoria como periodista en la región oriental. De sus narraciones en la prensa plana, nacería después “Chelín, Bebita y el enanito Coliflor”, con la dramaturgia de la década del 30. Se basaba en cuentos populares, de la narrativa oral del siglo XIX en Santiago de Cuba. Llegó a la radio desde la emisora CMKC, con el programa anteriormente señalado, a la vez que se empieza a conocer como compositor musical. Su primer espacio se nombró “Buenas tardes muchachitos”, integrado por cuentos escritos por él. Introdujo de esta forma la radio-comedia-infantil de continuidad.

Y sucesivamente siguieron los aportes de su autoría: “Chan Li Po”, iniciador del espectáculo radial por episodios no sólo del país sino también de América Latina. “Aladino y la lámpara maravillosa” significó otro hito en la historia de este medio. En junio de 1944 comenzó en CMQ, la novela “El precio de una vida”.

Pero la novela que marcó el quehacer radial salió al aire en 1948, con el título “El derecho de nacer”. Muchas madres que parieron durante ese año y los siguientes, escogieron el nombre de María Elena para sus hijas por la protagonista femenina de la misma.

Los especialistas han consignado que fue el primer producto melodramático que saltó las fronteras del hemisferio y recorrió el mundo.

También afirman que nunca Félix B. Caignet se imaginó que su nombre llegaría a la gloria y que haría llorar a millones de oyentes con esas páginas del éter, actualmente no superadas por otras de su estilo.

El 30 de agosto de 1972, el periodista Orlando Castellano, le preguntó por lo que se consideró un prodigio de la época y él le dijo: “Escribí El derecho de nacer tomando como punto de partida un hecho que dejó una huella dolorosa en mi vida. Cuando era joven mi anhelo era casarme y tener un hijo y que éste, a su vez, me diera nietos, nací con alma de abuelo. El único hijo que tuve, lo perdí”.

Quedó solo sin hijos, pero a cambio de ese fracaso, brotó la obra que hoy todavía se habla de ella y que hizo famoso al novelista.

Sanluisero por nacimiento, santiaguero de corazón, ivía enamorado de su tierra y la inmortalizó también con sus composiciones musicales como el pregón: “Las frutas de El Caney”.

El 25 de mayo de 1976 murió en la capital cubana y sus restos descansan desde 1992 en el cementerio del poblado santiaguero que tanto lo sedujo y que lo vio crecer, aunque naciera en San Luís, otro hermoso sitio de la provincia sur-oriental. Su nombre está íntimamente ligado a la trayectoria radial de la isla.

Para recordar al ilustre hijo de nuestra tierra, concluyo con estas letras que son joyas de nuestro acervo cultural: Frutas!, quién quiere comprarme frutas / mango del mamey y bizcochuelo /piña, piña dulce como azúcar / cosechadas en las lomas del Caney. / Traigo rico mango del mamey y piñas / qué deliciosas son como labios de mujer.

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